CLASE POLÍTICA DECADENTE

Dos hechos ponen de manifiesto la decadencia de la clase política y la ineptitud de la clase gobernante, para entender el delicado momento por critico que se vive en el país.

El primero, se sintetiza en la pobreza del alcance de los acuerdos logrados entre la presidencia de la república y los padres de los normalistas desaparecidos de la normal de Ayotzinapa, que la mayoría de ellos, son lugares comunes del discurso oficial sobre el caso.

Por eso lo más relevante del hecho es que fue la presión nacional e internacional la que obligo a Peña Nieto a dialogar con los padres ofendidos, pues de no existir ésta, no hubiere realizado tal reunión, el reconocimiento de los padres como parte ofendida, la importancia de rescatar las normales rurales como espacios de formación de maestros rurales con vocación social, la dignificación y respeto de los normalistas ante la pretensión de un sector del oficialismo de vincularlos con los criminales y la aceptación de las autoridades de sus carencias en materia de técnicas científicas de investigación, en el caso de los desaparecidos, facilitando la intervención de los peritos forenses argentinos.

El otro tema, es la negativa de la Suprema Corte de Justicia de declarar la constitucionalidad de la consulta ciudadana sobre la necesidad de incrementar el salario mínimo a parámetros de dignidad en los términos previstos en la constitución, porque afectaría los ingresos y egresos nacionales, es decir la corte de tres patines, pone por encima los intereses de la parte orgánica del estado, es decir de la parte institucional y por debajo los derechos humanos de los trabajadores de ganar un salario digno, es decir prefiere condenar a la pobreza a la gran mayoría de la población, así de absurda en la aplicación de la ley en el país, así de frívolos e insensibles son los ministros de la corte, que viven y resuelven los asuntos de su competencia en una óptica lejana de la sociedad y sus necesidades, pensando más en quedar bien con el ejecutivo, que dar una lección de separación, equilibrio y autonomía de los poderes de la unión.

Finalmente ayer en la televisión vimos un Peña Nieto, físicamente acabado, mientras el país se le va de las manos, pues no es lo mismo, la tele que la realidad espantosa que ha propiciado la corrupción de la clase política y de los operadores estatales, que hace brotar la pus por doquier en todo el territorio nacional

el ciudadano.

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