TOMA DE PROTESTA

La toma de protesta como presidente de Peña Nieto quedara marcada por un hecho notorio, la represión y el uso de la fuerza, a saber, que lo pinta de cuerpo entero.
La necesidad de un cerco militar policiaco dentro y fuera del recinto de San Lázaro, para poder tomar protesta en el cargo, denota su clara inclinación por el uso de la fuerza pública, reiterando su vocación represora, que obligadamente nos trae el recuerdo de la brutalidad policiaca utilizada en contra de los pobladores de Atenco, en el Estado de México, cuando era gobernador.
Demuestra además, la falta de respeto a la vida república y división de poderes del Estado de Derecho, pues arrolla la libertad y autonomía del legislativo, al que se sometió a la fuerza, manipulando incluso, los propios medios de comunicación de este poder, pues fue evidente que el canal del Congreso, corto el audio de las protestas y las volvió invisibles en las pantallas.
Además pone en evidencia la fragilidad institucional del nuevo gobierno, que es incapaz de darle soluciones políticas a las situaciones de crisis, ante la ausencia de verdaderos interlocutores con la sociedad, porque los partidos de la izquierda “reformista y responsable”, han sido rebasados y no representan a nadie, que no sean sus intereses burocráticos.
En consecuencia, por más pactos que se celebren entre la clase política corrupta, no funcionaran, ante la falta de representación de la sociedad civil, ajena completamente a esos acuerdos cupulares y la realidad se impondrá, como ha sucedido en las protesta contra la imposición de Peña Nieto, en las cuales fue evidente el tipo de diálogo que busca con lo jóvenes, el del garrote.
Es obvio que, a medida que pase el tiempo, menos posibilidades tendrá Peña Nieto, de escapar de la dinámica del poder presidencialista, porque será envuelto en la locura de la restauración del parque jurásico, en la feria de venta del país, en partes, en la corrupción como mecanismo de acción gubernamental o bien, en la complicidad mediática de los medios.
Por lo pronto, no se vio en el espejo de Calderón, que mal empezó su sexenio y lo término peor, Peña Nieto, lo empieza como represor, como lo terminara.
el ciudadano.

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