Johnny Malon
San José de Guaymas es una de las comunidades más pobres de Sonora.
Allí todo es miseria: la ganadería ya desapareció. La venta de materiales pétreos y la citricultura son simples fantasmas del pasado, como es también la horticultura. Sólo sobreviven los dos expendios cerveceros dedicados a embrutecer a muchos lugareños arrebatándoles sus miserables haberes.
Los terrenos, en la justa y única línea de crecimiento del puerto, que bien pudieran ser firme patrimonio para los nietos de los actuales pobladores, han ido pasando inexorablemente a manos de los grandes caciques guaymeños que, ya vienen cercando hasta caminos en uso desde hace 200 años, contando con el silencio cobarde y cómplice de todos, las autoridades (?) primero.
No está lejano el día, pues, que a los últimos moradores que queden les den una patada en el trasero para que se vayan a echar pulgas a otra parte.
Pues bien, el pasado 5 de julio, San José fue uno de los pocos seccionales donde el PRI barrió con sus rivales, comprobándose una vez más la convicción (?) prillista inconmovible de los lugareños.
Así entonces, concluiremos diciendo que los sanjoseseños son como aquellos sujetos que les rompen el hocico y luego piden disculpas por salpicar de sangre…


